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"50 AÑOS DE NAZARENO Y ALGO MAS"
Conferencia pronunciada el día 14 de Febrero en la casa Hermandad, por nuestro hermano D. José Ignacio Tejera Quijano, en el primer acto realizado en honor de los hermanos que este año cumplen 50 años de pertenencia a la Hermandad.
Agradecemos a nuestro hermano José Ignacio Tejera la generosidad de ceder el texto de su intervención para que puedan conocerlo aquellos hermanos que no pudieron asistir a dicho acto.
Para más información del acto puede consultarse el apartado "Crónica".
Rvdo. Director Espiritual, Hermano Mayor y Junta de Gobierno, Compañeros de Cumpleaños, Hermanas y Hermanos.
Cuando me llamaron de la Hermandad para ofrecerme que participara en la conmemoración de los 50 años de Hermano, me sentí muy honrado y al mismo tiempo sorprendido. Yo soy hermano de base, de los de Misa de los Martes, Quinario y Estación de Penitencia y sólo en dos ocasiones he formado parte, como consiliario, en candidaturas a Junta de Gobierno, una presidida por Pedro Muñoz y otra por Antonio Aznar. Además soy de Ciencias, no soy ni orador, ni poeta ni escritor y por eso mis torpes palabras, sólo se limitarán a narrar, con toda mi buena voluntad, mis recuerdos y vivencias en estos años.
Aunque de Hermano cumplo 50 años, de nazareno llevo algunos más. La primera vez que participé en la Estación de Penitencia, fue “suplantando” a mi hermano mayor, Alejandro, que dentro de unos años cumplirá las Bodas de Diamante. Mi hermano vivía entonces (y aún sigue) en México y yo sacaba la papeleta de sitio en su nombre y participaba en la procesión. Mi única preocupación era evitar que Plácido Pastor que era Diputado de Tramo y compañero de mi hermano, me reconociera, por lo que permanecía continuamente cubierto con el antifaz. Esta “suplantación de personalidad”( si es delito, ya ha prescrito) la realicé hasta que me hice hermano.
Al evocar aquellas Estaciones de Penitencia, todavía me emociono. Recuerdo con claridad el regreso de la Cofradía a la salida de la Catedral. El discurrir por la calle Placentines (estrecha y larga, que suerte, tienes la anchura del Cristo, Cristo de la Buena Muerte-P. Cué) entre una fila de respetuosos espectadores que se arrimaban a la pared para que cupiera el Paso de Cristo; después la travesía de la Plaza del Salvador, sin apenas bulla, y la calle Cuna, con un silencio absoluto y en la que pequeños grupos de 4 o 5 personas contemplaban con respeto y unción el discurrir de la Cofradía. ¡Qué diferencia con la bulla actual desde la Plaza del Triunfo hasta la entrada en la Universidad!.
Después de este emotivo recorrido se llegaba a la Iglesia de la Anunciación. Otra imagen irrepetible, hasta el año 1960. el Templo en completa oscuridad; el cuerpo de nazarenos se iba situando en las gradas del Altar Mayor con los cirios encendidos y así, con el corazón palpitando y la emoción contenida, esperábamos que entraran los pasos con nuestras Imágenes. Muchos de nosotros recordamos aquellos años con nostalgia. A partir del año 1955, y una vez “regularizada” mi situación en la Hermandad, continuo participando en la Estación de Penitencia, unas veces con cirio y otras con cruz.
Ahora, y una vez aclarado el título de esta charla, continuaré evocando mis recuerdos y vivencias de hermano, en orden más o menos cronológico, destacando los hechos más significativos.
El Martes Santo de 1967, salimos por primera vez de la Capilla de la calle San Fernando y todos nosotros creo que añoramos el itinerario de la calle Laraña.
La celebración del Quinario en la Catedral, entre 1972 y 1982, también es otra efemérides importante, que culmina con el desgraciado accidente ocurrido el 27 de febrero de 1983, cuando en el traslado del Cristo a la Iglesia de la Anunciación, la Imagen sufre una caída que ocasiona el desprendimiento de la cabeza. Aquella circunstancia nos impactó a todos y la tristeza nos embarga al recordar la Estación de Penitencia de aquella Semana Santa en la que en lugar del Paso de Cristo procesionaron cuatro hachones; es otra imagen que me emociona, a pesar de los años transcurridos.
Hay una fecha, el 1 de junio de 1994, que para mi tiene un imperecedero recuerdo y es el hecho que voy a narrar del que fui testigo de excepción. Como habréis adivinado se trata del traslado de la Imagen de nuestro venerado Cristo al Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura. Era entonces Teniente de Hermano Mayor, Vicente Flores, mi buen amigo y compañero de Facultad, que fue el encargado de recibir al Cristo en el Instituto. Circunstancialmente estaba yo en Madrid y me llamo para que lo acompañara. Recuerdo aún hoy día, como si lo estuviera viviendo, la llegada del capitone de la Empresa Amado Miguel que transportaba el enorme cajón que contenía la Imagen del Crucificado. Abrieron el cajón y el personal de la mudanza, con exquisita delicadeza, casi con unción, se colocaron unos guantes blancos nuevos y lo sacaron, con un mimo y un cariño, verdaderamente ejemplar. Después, se inició una íntima precesión del Cristo, a hombros de los que allí estábamos, subiendo por las escaleras del Centro hasta la primera planta, donde está el taller. El contemplar a nuestro Cristo allí tendido sobre unos caballetes, en un destartalado local y rodeado de esculturas mutiladas, cuadros medio pintados y aparatos y utensilios de restauración, partía el alma. Quiero destacar la profesionalidad y el cariño con los que el matrimonio Cruz Solís, sobre todo Isabel, como si se tratara de una enfermera solícita, acogieron a la Imagen.
Afortunadamente y gracias a la amabilidad de la entonces Junta de Gobierno, presidida por Juanma Contreras, el día 9 de Marzo de 1995, acompañé, como hermano de base, a la comisión encargada de recoger la Imagen restaurada. Fue una experiencia importantísima en mi vida cofrade, que nunca podré olvidar. Posteriormente en la media noche de aquel día, también estuve presente en el desembalaje del Cristo y en su colocación en el Altar. Todo fue como si un ser querido hubiera estado en el hospital y regresara a su casa completamente curado. Doy gracias a Dios y al Cristo por haberme concedido estos privilegios.
Otros hechos que recuerdo de los que he vivido son el 75 aniversario de la fundación y la presidencia de nuestra venerada Imagen en el Vía Crucis de las Hermandades a la Catedral.
En fin, espero que estas pinceladas de mis recuerdos, hayan hecho revivir imágenes y experiencias, que no se repetirán. Así mismo, espero que el Cristo de la Buena Muerte y nuestra amadísima Virgen de la Angustia, me ayuden y protejan para poder seguir acompañándolos en su recorrido por las calles de Sevilla. El año pasado, mi nieto mayor, Fernando, cuya presencia agradezco, así como la de mis otros nietos, todos hermanos de la cofradía, participó por primera vez como nazareno en la Estación de Penitencia ( se cansó mas que yo). Pido al Cristo que me de salud y forma física para poder seguir participando en la procesión, hasta que saque la “definitiva papeleta de sitio” que me lleve a Su Presencia. Muchas Gracias.
Sevilla, 14 de Febrero de 2006.
José Ignacio Tejera Quijano.
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