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PRESENTACIÓN DEL CARTEL DE LA TERTULIA "EL PABILO"
AÑO 2006
Por su interés y belleza, tanto estética como emocional, reproducimos las palabras pronunciadas por nuestro querido hermano Don Rafael de Gabriel García, en el acto de presentación del cartel anunciador de la Semana Santa de la tertulia "El pabilo" para el año 2.006, el cual está dedicado a la Imagen de nuestro Cristo de la Buena Muerte.
Agradecemos a nuestro hermano Rafael la generosidad de ceder el texto de su intervención para que puedan conocerlo aquellos hermanos que no pudieron asistir a tan hermosa presentación.
Para más información del acto puede consultarse el apartado "Crónica".
Con Vuestra Licencia, Soberana Señora, Divina Pastora de Nuestras Almas
Sr Presidente de la Tertulia “El Pabilo”
Sr Hermano Mayor de la Real Hermandad de la Divina Pastora y Santa Marina
Sr Teniente de Hermano Mayor de la Hermandad de Los Estudiantes
Apreciado Manuel Agüera Ostos
Sres. Contertulios de “El Pabilo”
Sres. Oficiales de Juntas de Gobierno
Representaciones dignísimas
Señoras y Señores
A todos Paz y Bien
Deseo primeramente agradecer a los Sres. Contertulios de “El Pabilo” el detalle que han tenido para con mi persona, invitándome gentilmente a presentar el cartel que hoy nos emplaza a todos. Doble gratitud, porque es un honor para mí, como hermano de Los Estudiantes, poder reflexionar acerca de este cartel que plasma de manera extraordinaria la perfección sublime del Santísimo Cristo de la Buena Muerte.
Sevilla es la Ciudad que llevó a afirmar a aquel gran Canónigo, siempre en el recuerdo por su gracia y sus virtudes, D. Juan Francisco Muñoz y Pabón:
"¡Sevilla de mis amores,
cuánto te quiero Sevilla!"
Híspalis, Julia Rómula, espejo de ciudades; “No ciudad, eres Orbe” a decir de Fernando de Herrera; “Famosa” te llama San Isidoro, “Célebre” Silio Itálico, “Cabeza de toda España” D. Alonso X El Sabio, “esclarecida Metrópoli” Arana de Varflora, “Reina de las ciudades, incapaz de ser desleal” el Conde de la Roca, “opulenta” Justino Matute, “Atenas Española” Santiago Montoto, “Primera Corte de España” Rodrigo Caro, “Ciudad de la Gracia” José María Izquierdo, “Imperial Ciudad” Luis de Peraza, “Ciudad que a Tebas en grandeza igualas” y “Puerto y Puerta de las Indias” el Fénix de los Ingenios, “Roma triunfante” el Autor del Quijote. Abraham Ortelio escribe que Sevilla “no tiene su pareja en todo el orbe de la Tierra”, Ortiz de Zúñiga hace mención de “su siempre famoso nombre”, Juan de la Cueva al “claro nombre eterno y celebrado de Híspalis Metrópolis del Mundo”. Afirma Alonso Morgado que “no debe llamarse Rey, al que no lo es de Sevilla”, y el árabe Abulcacín que alguien “no se podía llamar con justo título Señor de España, hasta ganar aquella Ciudad”.
Resplandecen tus dominios bajo el Sol: el Aljarafe, la Vega, la Campiña, las Marismas, la Sierra Sur, la Sierra Norte y la Comarca de Estepa. Cruzada por el Guadalquivir, que –a decir de Góngora- “da leyes al mar y no tributo”. Eternamente ilustre en Itálica, que dio al mundo a Teodosio, Trajano y Adriano
Sevilla, la Ciudad loada por tantos, converge ya hacia una nueva Semana Santa. Carteles la anunciarán.
La esencia y finalidad primera de un cartel es hacer saber algo. Transmitir. Comunicar. Anunciar. Proclamar.
De nuevo, este año 2006, la Tertulia “El Pabilo”, fundada en 1985, nos regala a los cofrades y al pueblo todo de Sevilla la alegría de disfrutar de su bien afamado cartel. Afamado justamente, pues alta es siempre la calidad del mismo, gracias a los aventajados autores del arte de la fotografía que han venido realizándolo, y gracias al bien elegir que han sabido conservar los contertulios.
Año a año, el buen distinguir de la Tertulia “El Pabilo” a la hora de la designación del cartel ganador nos ha venido legando una serie de carteles que pertenecen ya a la Semana Santa de Sevilla, precisamente porque poseen la esencia y finalidad para la que fueron elegidos: Transmitir la Semana Santa. Comunicar la Semana Santa. Anunciar la Semana Santa. Proclamar la Semana Santa… Y todo, en una sola fotografía, que ese es además el gran reto de todo cartel a la hora de su elaboración: decir mucho… mas con una sola imagen. Por eso, quien hace un cartel célebre puede llamarse en justicia maestro en el cada vez más consumado arte de la fotografía.
El gran mérito del buen fotógrafo en Semana Santa es plasmar, con toda rapidez, la soberbia quietud de una estampa. El sentido profundamente cristiano de la cofradía la lleva a caminar en su Estación de Penitencia. Más, en su condición humana, la cofradía ha de detenerse obligadamente para el respiro de los costaleros. Y junto a la cofradía se viven entonces momentos verdaderamente extraordinarios, estampas de gran sabor, instantes que a veces se recordarán para siempre, si tenemos la suerte de que allí esté el maestro con su cámara, para –desde su naturalidad- captar cuanto dice la brevedad del instante, que -por la capacidad del fotógrafo- quedará para el recuerdo. Es ahí donde surge el cartel...
Este año, con una tirada de 1500 ejemplares, fabricados por Escandón Impresores, la Tertulia “El Pabilo”, ha tenido el acierto de elegir el cartel que ahora presentamos, cuyo autor es el fotógrafo Manuel Agüera Ostos.
Natural de Sevilla, es un gran enamorado de nuestra Semana Santa, tiempo sobrenatural que disfruta hondamente cada Primavera.
Su cofradía y su barrio tienen un mismo nombre: Santa Genoveva. Hermano también de las cofradías de Penitencia de El Museo, Los Javieres y El Gran Poder, pertenece así mismo a la hermandad de Gloria de la Virgen del Rosario de Los Humeros.
Manuel Agüera Ostos tiene un magnífico historial como fotógrafo, en el que sobresalen carteles de la Semana Santa de Brenes y de Bormujos, así como carteles para la Hermandad de la Trinidad y las tertulias Entrevarales, Albores, Azahar y El Último Tramo.
Suyos fueron los carteles de la Tertulia El Pabilo de 1999, con la Virgen del Buen Fin de la Lanzada, y de 1998, muy recordado éste con la Virgen de la Concepción del Silencio en la Catedral, ante el Monumento al Santísimo.
Numerosos coleccionables de El Correo de Andalucía y enciclopedias de Semana Santa llevan cientos de fotografías de Manuel Agüera Ostos, que –como él mismo dice– siente “algo especial” hacia el Cristo de la Buena Muerte de Los Estudiantes, centro y eje fundamental del cartel que nos reúne ahora. Emociona oírle contar cómo una señora de Valladolid, que enfermó estando en Sevilla, recibió en nuestra Ciudad una estampa del Cristo de la cofradía de la Universidad, al que se encomendó, recobrando la salud. Y sucedió que un año, a la vuelta de la cofradía, paró el Cristo, con la Luna al fondo, cerca las murallas del Alcázar. Manuel Agüera estaba allí precisamente, haciendo una fotografía. Y allí estaba la señora de Valladolid, cuyas lágrimas agradecidas no olvida nuestro autor del cartel que edita este año la tertulia “El Pabilo”. Momentos impresionantes de la Semana Santa. Momentos que enganchan para siempre, porque la Semana Santa toca directo al corazón.
La fotografía ganadora del cartel de 2006 de la Tertulia “El Pabilo” corresponde a la Semana Santa de 2005. Manuel Agüera Ostos afirma desde su maestría que al hacer la foto con su cámara pensó, en el instante: “esto es cartel”. Y a fe que fue así.
Mas adentrándonos propiamente en el cartel, comprobamos en el mismo una extraordinaria profusión de elementos, consustanciales todos a la Semana Santa, que hacen al cartel ser fiel heraldo de la misma.
En primer término, los nazarenos, con negras túnicas de ruán, altos los capirotes. Dije en mi Pregón de la Semana Santa que “la Fe cristiana es la fuerza impulsora de la Semana Santa de Sevilla”. Los nazarenos significan la Fe, la fidelidad al amado Cristo de la Buena Muerte. Portan cirios de color tiniebla, que es señal de dolor. La cera es ofrenda desde la Fe. La fidelidad en el nazareno y en la cera que porta. La vida del cristiano se escribe desde la fidelidad a Cristo.
La bella fotografía está tomada bajo el Sol del Martes Santo, a esa hora en que la Semana Santa se llena de un cromatismo inconmensurable. Qué de verdad es la Semana Santa al mediodía, cuando cada color se contempla como es. Así sucede en el cartel con el trozo del monte de lirios que va a los pies de la Cruz, iluminado por el Sol, que también ilumina un retazo del formidable canasto de caoba. Se distingue el rostro de un Evangelista bajo el Sol. El Evangelio: fuente y legado del conocimiento de la Pasión. También se divisa la base del hachón delantero izquierdo.
La frescura del mediodía bajo la luz limpia y diáfana de la Primavera. En este ambiente se descubre profunda y con claridad meridiana la Imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte…¡Cuánta felicidad, Dios mío, poderte contemplar bajo el Sol Eterno del Martes Santo! ¡Y pensar, Señor, en quiénes se nos fueron para siempre desde la anterior Semana Santa! ¡Y saber Señor, sentir Señor, que Tú nos quieres, que Conoces bien lo que hay en nuestros corazones, y que –si damos testimonio en la aceptación de la Cruz diaria- nos permitirás verte de cerca en el Cielo, al final de nuestro peregrinar en la Tierra!.
Bajo la Perpetua Luz Primaveral que recoge, el cartel trae a la mente las palabras del Profeta Isaías:
"Aquí está mi siervo a quien protejo;
mi elegido, en quien mi alma se complace.
he puesto en él mi espíritu,
para que traiga la justicia a las naciones."
Señor, ante el realismo de tu Buena Muerte, contemplando la Eterna Perfección de Tu Figura, meditamos qué hemos de hacer cuando ineludiblemente nos toque vivir el dolor.
Dice el Evangelio de San Mateo que “No es el discípulo más que su maestro”. Si Tú, Señor, Sufriste Dolor, con más razón hemos de experimentarlo en la vida nosotros los hombres.
El dolor siempre será un misterio, por mucho que nos empeñemos en descifrarlo con puras razones intelectuales. Y el dolor durará tanto como dure el mundo. Siempre existirán los afligidos, los que sufren. Como cofrades, como cristianos que vivimos nuestra Fe a través de las hermandades, hemos de esforzarnos en llevarles la alegría de la Fe de Cristo. Porque la alegría de la Fe explica el sentido del dolor. Cristo escogió el dolor para redimirnos. Por eso, Señor entendemos Tu Buena Muerte. Dice la Carta a los Hebreos que “El autor y consumador de la Fe, Jesús, en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la Cruz”. Nosotros hemos de extraer y difundir la enseñanza de que Cristo ha escogido el dolor para redimirnos, y –consecuentemente- cada mortal tiene también el dolor como herencia y patrimonio.
Imaginándonos inmersos en el instante captado por el cartel, reflexionamos que es la vida camino de gozo y de dolor. Sobre nosotros sopla muchas veces el vendaval del dolor. Y se nos hace insuperable el dolor cuando se nos va para siempre el familiar o el amigo.
Tú, Señor, Santísimo Cristo de la Buena Muerte, estuviste ante el sepulcro de Lázaro, tu amigo.
Dice el Evangelio de San Juan que “al ver llorar a María, hermana de Lázaro, y llorar también a los judíos que habían venido con ella, Estremecióse en Su Alma y Se Turbó y Dijo: ¿Dónde le pusisteis? Ven, Señor, le dijeron, y lo verás. Y se le arrasaron los Ojos en Lágrimas…cuando los judíos te vieron llorar por Lázaro dijeron ‘Mirad cómo le amaba’ “
Tú nos haces entender, Señor, que el llanto no es rebeldía ante los Designios Divinos. El llanto significa amor a la persona que nos falta. Llorar, Señor, es aceptar la Voluntad del Padre.
Volvámonos a ti, Santísimo Cristo de la Buena Muerte, cuando lloremos la partida del ser querido. Tú, también lloraste, Señor. Por eso, nuestro llanto, al meditar el tuyo, se convierte en bienaventuranza.
Señor, en ti comprendemos que no es vergüenza llorar cuando la muerte se nos cruza. Señor, en ti comprendemos que llorar es amar.
“Bienaventurados los que lloran”. Desgraciado el hombre que no sabe llorar.
Contemplando la soberbia foto de Manuel Agüera Ostos, entendemos que Tú, Señor, Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Eres la Piedra Angular de nuestra Fe, la razón de nuestra Esperanza y la razón primera de la Caridad humana.
Ayúdanos, Señor, a vivir que –como dice el Concilio Vaticano II- “Con la oración puede llegarse a todos los hombres y ayudar a la salvación del mundo entero”. Ayúdanos, Señor a llevar como norma de vida la Oración de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, especialmente sus palabras:
“que no me empeñe tanto
en ser consolado, como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar”
Enséñanos, Santísimo Cristo de la Buena Muerte, a vivir con humildad las palabras del Libro del Génesis: “Yo soy indigno de todas tus misericordias, y de la fidelidad con que has cumplido a tu siervo las promesas que le hiciste”.
Danos, Señor, fuerza cada día para ser mejores, teniendo presentes las palabras del Libro del Éxodo “Que si... ejecutares todas las cosas que ordeno, seré enemigo de tus enemigos, y perseguiré a los que te persigan”.
Fijándonos en el cartel, percibimos, bajo la indescriptible luz de la Semana Santa, cómo el INRI proclama con sencilla solemnidad:
“ÉSTE ES JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS”.
Destacan en el cartel con pleno realismo –y de ahí su éxito- líneas y elementos que distinguen y hacen insuperable la Efigie que tallara el cordobés Juan de Mesa y Velasco: la Sangre Redentora que nos conmueve, el sublime Sudario –única vestimenta del Hijo de Dios en la Cruz-, ese Sudario que quien tuvo la suerte de fijarse de cerca pudo percibir objetivamente las cuerdas que lo fijan al Cuerpo de Cristo, que van talladas en el aire, de forma sencillamente excepcional. Se perciben las Venas y Arterias que retienen todo el rigor de la Pasión… y los Pies… los Pies del Cristo de la Buena Muerte, esos que besamos con Amor de hijos agradecidos cada Domingo de Pasión.
Tras la Perfecta Escultura del Cristo un ventanal elíptico de eje horizontal y el rojizo color de la pared, en el que resalta una cornisa en albero. Y marca la separación entre el Sol y la Sombra una línea inclinada, descendente de izquierda a derecha.
Está tomada la magistral fotografía en el itinerario no habitual que discurrió a la ida la cofradía universitaria en 2005, pero ahí reside buena parte de su valor histórico, porque el cartel recoge nada más y nada menos que al Santísimo Cristo atravesando la Lonja de la Universidad en el año del Quinto Centenario de la Hispalense. Fe y Cultura. Los firmes cimientos sobre los que se asienta la trascendental misión de la Hermandad de los Estudiantes…
El cartel resalta de forma verdaderamente excepcional la figura del Cristo de la Buena Muerte, llena de luz primaveral en el aire. Y mirándolo vienen a la mente las palabras de Antonio Rodríguez Buzón, inmersos en el cincuenta aniversario de su fantástico Pregón, al describir la Semana Santa magistralmente: “La Pasión de Cristo en la Cruz que forman la Luz y el Aire de Sevilla”.
Otra vez, Señor, es Martes Santo…
Mi Felicitación a La Tertulia “El Pabilo” y a Manuel Agüera Ostos por este nuevo Cartel, tan original, que ya, desde hoy, es patrimonio de la Semana Santa de Sevilla.
Sevilla, 27 de Enero de 2006.
Rafael de Gabriel García.
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