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CONVIVENCIA DE LAS HERMANDADES DE LOS ESTUDIANTES Y DE LA MACARENA EN EL TEMPLO DE LA ANUNCIACIÓN
(1936-1942)
Esta conferencia se celebró el día 26 de febrero del año 2004 para comentar la estancia de la Hermandad de la Macarena en la Iglesia de la Anunciación desde el 4 de octubre de 1936 hasta el Viernes Santo del año 1942, fecha en la que volvió a su capilla de San Gil. Está dedicada a la juventud cofrade de ambas Hermandades.
Para el mejor conocimiento de la catástrofe que significaron los incendios provocados en la noche del 18 de Julio de 1936, debemos remontarnos al año 1931, fecha en la que Sevilla albergaba unos 230.000 habitantes. Esta cifra incluía entre 50.000 y 70.000 personas pertenecientes a familias de obreros parados, que ocupaban los barrios periféricos de Amate, Vacie y Villalatas. Este núcleo de población sin trabajo se había creado al finalizar las obras de la Exposición Iberoamericana del año 1929, los ensanches de calles y la corta de Tablada.
Cuando desaparece la Monarquía y se instala el régimen Republicano el 14 de abril de 1931, en Sevilla se izó la bandera roja, amarilla y violeta a las 5:40 de la tarde en el bacón del Ayuntamiento, se liberaron presos políticos, sindicales y laborales que ocupaban la cárcel del Pópulo (calle Pastor y Landero), se apedreó el monumento de la Inmaculada (que incluso se pidió que se derribara) y un fanático proclamó la independencia del Cantón de Triana.
El 12 de mayo de 1931 unos individuos incontrolados incendiaron la capillita de San José, que quedó completamente destruida, y también el colegio de Jesuitas de la calle Villasís y la Iglesia del Buen Suceso, sin que los guardias actuaran para evitarlo porque su intervención podría interpretarse como “una provocación para el pueblo de Sevilla”. Las autoridades atribuyeron los incendios a “la derecha” y nació el apelativo de Sevilla la Roja.
En 1932 se fundo el Partido Comunista Español y se celebró en Sevilla el primer Congreso Nacional al que asistieron muchos extranjeros que mostraron su extrañeza al ver en las barriadas pobres fotografías del Gran Poder y de la Macarena junto a retratos de Lenin y Stalin. Durante este año 1932 florecieron muchas huelgas generales en el campo y en las ciudades y como noticia curiosa se bombardeo el bar Casa Cornelio, próximo a San Gil, con 22 cañonazos, por ser lugar de reunión de elementos extremistas y anarquistas. Se sucedieron también tiroteos y asesinatos por pistoleros de ambos bandos y el presidente Azaña dictaminó que España había dejado de ser católica.
Al llegar la Semana Santa de 1932 la recién creada Federación de Hermandades y Cofradías, antecesora del actual Consejo, anunció por votación casi unánime que las cofradías no salieran de sus templos. Únicamente la Hermandad de la Estrella (llamada posteriormente la Valiente) se atrevió a recorrer las calles de Sevilla el Jueves Santo de 1932. El paso de palio sufrió ataques con piedras, cohetes y, lo mas grave, varios balazos disparados por un anarquista en paro cerca de la Catedral. Existen en la memoria de Sevilla dos saetas cantadas a la Virgen de la Estrella y al Gran Poder por estos sucesos:
Dicen en el banco azul
que España ya no es cristiana,
aunque sea republicana,
aquí quien manda eres Tú,
Estrella de la mañana.
La otra saeta la cantó Manuel Vallejo en una vacía plaza de San Lorenzo:
Descubrirse hermanos míos
Descubrirse, vamos a hincarnos de rodillas
que ahí dentro está el Gran Poder
honra y gloria de Sevilla
que no nos lo dejan ver
honra y gloria de Sevilla
¿cuándo te volveré a ver?.
El Cardenal Ilundáin no se dio por enterado de estos sucesos y no actuó con la presteza y autoridad que requería su elevada dignidad.
Nuestra Hermandad también padeció esta intensa confrontación entre la Iglesia Católica y el gobierno republicano y sufrió la persecución religiosa cuando a final del mes de abril de 1932, el rector y catedrático de Medicina Don Estanislao del Campo ordenó el cese de nuestro capellán, el padre Miguel García Miranda, lo que suponía la imposibilidad de los cultos a nuestros Titulares y el cierre de la Iglesia de la Anunciación, quedando nuestras imágenes y enseres en el interior del templo. A pesar de las protestas de la Hermandad y del Cardenal Ilundáin y ante este abuso de autoridad la Cofradía decidió el traslado a la Iglesia del Salvador donde se celebraron los cultos y Juntas de Gobierno ante dos grandes fotografías de nuestros Titulares, colocadas en las capillas de San José y de la Virgen de los Dolores. Esta penosa situación se prolongó durante los años 1932, 33 y 34. Hubo que esperar al año 1935, con la elección de un gobierno de derechas que volvió a nombrar al capellán de la Hermandad. Se bendijo la Iglesia de la Anunciación y el Martes Santo de 1935 volvió la Cofradía a recorrer las calles de Sevilla con 191 nazarenos.
Mucho más grave fue el incendio provocado de la parroquia de San Julián el 8 de abril de 1932, que provocó la destrucción total del templo y la desaparición de los Titulares, el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Hiniesta de Alonso Cano, así como la primitiva imagen de la Virgen de la Hiniesta del siglo XIV. Se detuvo a dos homosexuales (la Pinocha y la Bizca) como sospechosos del incendio, pero fueron absueltos por falta de pruebas. El gobernador aseguró que el incendio había sido fortuito, a pesar de que las tomas de agua habían sido obstruidas con piedras para impedir la actuación de los bomberos. Por otra parte, el gobierno ordenó la disolución de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes, así como la prohibición de los crucifijos en las escuelas y de la enseñanza religiosa. Recuerdo que las señoras de derechas ostentaban grandes cruces en el pecho y también el paso por la puerta de mi casa, en la calle Trajano, de las manifestaciones comunistas con los gritos “hijos sí, maridos no” y “no queremos pagar al casero, ni el agua, ni la luz, ni los tranvías”.
Las Hermandades tuvieron que enfrentarse al peligro de los estragos provocados por los cócteles Molotov lanzados a través de las ventanas o de las puertas de los templos y se organizaron cuadrillas de hermanos que hacían guardia 24 horas con provisión de agua, arena y mantas para sofocar los incendios.
Otra precaución fue el traslado de imágenes y enseres a domicilios de confianza. Por ejemplo la Virgen Macarena permaneció varias noches en la humilde habitación de la limpiadora Victoria Sánchez, que residía en un corral de vecinos de la calle Escoberos y también pernocto en las casas de otros hermanos, como Pareja y Gamero, próximas a la Parroquia de San Gil.
En 1933 las Cofradías no salieron y en 1934 solamente hicieron estación a la Catedral 13 Hermandades de las 45 existentes. Durante este año 1934 tuvo lugar la sublevación de Octubre en las regiones catalana y asturiana. En Barcelona se declaró el Estat Catalá y en Asturias se llegó al asesinato de sacerdotes y guardias civiles, la destrucción de Iglesias, ocupación de la cuidad de Oviedo y robos de bancos. Estos daños fueron realizados por mineros y dinamiteros de las minas y la rebelión fue finalmente sofocada por tres columnas del ejército, a lo que siguieron juicios y represalias contra los amotinados.
Al llegar las elecciones de febrero de 1936 se formó un Frente Popular con la unión de los partidos de izquierdas, que obtuvo 287 escaños en el Congreso de Diputados, mientras que el centro y la derecha solo alcanzaron 186 votos.
A partir de esa fecha, la oposición a la Iglesia empeoró considerablemente y se extendieron los ataques al clero, asó como la ocupación de fincas en el campo por los campesinos. Se promulgó una amnistía para los presos detenidos por la rebelión de octubre del 34.
Las agresiones contra el clero y las Hermandades estuvieron favorecidas por la constante aparición en periódicos, revistas y carteles patrocinados por los partidos de izquierda y sindicatos de obreros y campesinos, de mensajes ridiculizando y atacando a los poderes fácticos: el Capitalismo, la Iglesia y el Ejército.
El Capitalismo estaba representado por personajes obesos vestidos con chaqué, sombrero de copa y carteras repletas de billetes y lingotes de oro. También aparecían señoritos a caballo atacando a campesinos famélicos y vestidos de harapos. La Iglesia figuraba como una larga procesión de orondos frailes libidinosos, monjas despechugadas y curas con negros manteos, obispos con grandes crucifijos ornados con piedras preciosas. El Ejército aparecía con figuras de generales con sables, condecoraciones y grandes estrellas. Todos estos personajes ostentaban caras crueles mientras que los obreros y campesinos aparecían con caras de dolor y angustia.
Y llegamos al trágico 18 de julio de 1936, en cuya noche Sevilla se iluminó con los numerosos incendios provocados en los barrios periféricos.
En el caso de la Hermandad de la Macarena, las Imágenes Titulares y enseres se salvaron gracias a una decisión anterior de la Junta de Gobierno, que para asegurar un eficaz refugio y seguridad los guardó en lugares protegidos y en una localización sólo conocida por el Hermano Mayor, José Ruiz Ternero, el Mayordomo, Domingo de la Torre y el hermano Antonio Román Vila. En la madrugada del 12 de febrero de 1936 una furgoneta conducida por el Hermano Mayor había transportado con el mayor sigilo un cajón de madera con la ayuda y vigilancia del Mayordomo. El cajón contenía la imagen de la Virgen de la Esperanza y su destino era la casa de Antonio Román en la calle Orfila nº6. La imagen de la Macarena quedó instalada en una habitación convertida después en oratorio, y en la Capilla de San Gil se colocó un gran cuadro de la Virgen. Esta maniobra obligó a realizar varios traslados muy secretamente para la realización de los cultos cuaresmales, y la salida en la madrugada del Viernes Santo con su regreso al refugio el Sábado Santo. Solamente acudió un visitante para verla: el General de la Legión Millan-Astray que juró solemnemente no revelar su localización. Posteriormente fue colocada una placa en el oratorio recordando la estancia de la Macarena.
La ignorancia total sobre el paradero de la Virgen hizo circular muchos rumores en Sevilla entre los cuales figuró el posible escondite en la tumba de Joselito, en el cementerio de Sevilla. El Cristo de la Sentencia, la Virgen del Rosario y otros enseres se guardaron en el cercano almacén de la Hermandad, vigilados por Hermanos. El techo de palio fue depositado en la casa del Hermano Mayor, los varales y mantos de la Virgen fueron escondidos en las casa del Mayordomo y el hermano César Alba.
Análogas precauciones se tomaron en cofradías como la Amargura, Esperanza de Triana y otras que evitaron su destrucción al quemarse sus templos.
En la noche del 18 de julio del 36 se vieron salir llamas en la capilla de Macarena y en la Iglesia de San Gil, a la que se propagó el fuego con destrucción de ambos templos. Simultáneamente se extendió la quema de capillas y parroquias situadas en barriadas periféricas como Omnium Sanctorum, San Marcos (con la cofradía de la Hiniesta), Santa Marina, San Roque, San Bernardo; San Juan de la Palma, Montesión, la Iglesia trianera de la O, conventos de Salesas y Mercedarias, todos ellos con ruina total o parcial.
Estos siniestros fueron facilitados por la llegada de camiones con bidones de gasolina repartidos por toda la ciudad y organizados por los sindicatos, y supusieron una enorme perdida de imágenes, joyas, bienes y edificios. La iglesia del Cachorro permaneció sin daños gracias a la actuación defensora de vecinos y la poderosa ayuda de Salvador Dorado “El Penitente”, entonces anarquista que protegió con sus armas al templo, a la Hermandad y a las Imágenes.
Se incendiaron también chalés en la avenida de la Palmera y edificios en la calle Reyes Católicos, debido a que los incendiarios prefirieron huir de la Plaza Nueva, ocupada por cañones y ametralladoras. También se cometieron asesinatos en personas de ambos bandos y sacerdotes como el padre José Vigil Cabrerizo, que fue tiroteado por pistoleros en calle Conde Ybarra y que falleció al día siguiente en el Hospital de las Cinco Llagas.
Pasado el verano del 1936 y con una Guerra Civil que dividió a dos bandos irreconciliables, se reunió la junta de Gobierno macarena el 22 de Septiembre y se decidió pedir permiso al rector de la Universidad, D.José Mota Salado, y también a la Hermandad de los Estudiantes para conseguir el traslado de la cofradía de la Virgen de la Esperanza a la Iglesia Universitaria de la Anunciación. La demanda fue aceptada por unanimidad y se fijo el dia 4 de octubre del 1936 para el ingreso de la Macarena en el templo.
En ese día y a las diez de la noche otra vez la Virgen Macarena fue depositada en su cajón y llevada en la furgoneta conducida por Antonio Román y vigilada por el Mayordomo. Después de un corto trayecto, fue recibida en la Iglesia por la Junta de Oficiales de la Hermandad de la Virgen de la Esperanza y por la Junta de Oficiales de la Hermandad de los Estudiantes presidida por Ángel Camacho Baños, el entonces Hermano Mayor. En el interior del templo fue acogida por escaso publico al no haberse anunciado la ceremonia.
Al abrir el cajón, apareció la imagen de la Virgen de la Esperanza vestida con una toca blanca y saya negra bordada en oro, entre varas de flores tal y como puede verse en una conocida fotografía. El público, emocionado y con algunas lágrimas, se arrodilló y rezó con fervor a la imagen vestida de luto por las víctimas de la Guerra Civil. El cajón se depositó al lado del paso de palio. Se rezó una salve y preces por la salvación de España seguidas de un espontáneo besamanos y se oyó la primera saeta. Después se volvió a cerrar la caja hasta el día siguiente, en que se coloco la imagen de la Virgen en su paso de palio.
Conocida y divulgada la estancia de la Macarena en la Iglesia de la Anunciación, se anunció la salida de la Virgen para el sábado 10 de octubre. Ese día el paso de palio estaba iluminado por reflectores y al abrirse las puertas del templo ingresó una multitud estimada en 2.500 personas que llenó rápidamente la Iglesia. Fuera, en la calle Laraña, esperaba una muchedumbre que no pudo entrar. Llego el cardenal Ilundáin que se postró ante el paso, se rezó un rosario y el padre Eizmendi cantó las Glorias de Maria. Seguidamente un coro con los mejores cantantes de Sevilla entonó una sentida Salve con el acompañamiento de la Orquesta Bética de Cámara.
A las siete de la tarde se fue organizando una procesión con Cruz de Guía seguida de 500 mujeres y 250 parejas de Hermanos con cirios, y a continuación una representación de las cofradías del Gran Poder y de los Estudiantes. Seguían las autoridades civiles y militares, y en la Presidencia del paso de palio estaba la Junta de Gobierno de la Macarena, el General Queipo de Llano y los Hermanos Mayores de los Estudiantes y el Gran Poder. La comitiva llego a la Catedral repleta de gente y se tocó la Marcha Real en medio de un enorme entusiasmo.
El regreso estaba programado para la misma noche pero una repentina lluvia nocturna hizo que la Cofradía se quedara en la Catedral y que la vuelta a la Iglesia de la Anunciación se retrasara para el domingo 11 de octubre. El retorno fue acompañado por miles de personas hasta llegar al Ayuntamiento, en donde la Hermandad procedió a entregar su corona de oro al general Queipo de Llano para el Tesoro Nacional. La corona fue devuelta a la Hermandad el 27 de febrero de 1937 y volvió a ser colocada en la Imagen.
La hermandad de la Macarena permaneció en la Anunciación hasta el Viernes Santo del año 1942, con una convivencia cercana a los seis años con nuestra Hermandad. El regreso a la capilla de San Gil y a su barrio de la Macarena se efectuó con una acogida multitudinaria e ingresó en el Hospital de las Cinco Llagas para visitar a los heridos de la guerra. Mas tarde, el 13 de abril de 1941 se coloca y bendice la primera piedra de la futura Basílica, que se terminaría y consagraría por el Cardenal Segura el 7 de octubre de 1966. A la ceremonia, y expresamente invitadas, asistieron solamente las Juntas de Gobierno de las Hermandades de los Estudiantes y Gran Poder, con la advocación de Santa Maria de la Esperanza.
Como recuerdo de esta larga convivencia está el cuadro de la Virgen de la Esperanza existente en nuestra Casa de Hermandad universitaria, que conmemora la fuerte y duradera fraternidad entre ambas Hermandades, para reforzar y no olvidar la coexistencia durante aquellos años inolvidables en que comenzó la asistencia a los solemnes cultos anuales dedicados a los respectivos Titulares ya realizados en 1936. Esta confraternidad está presente en la participación de miembros de la Junta de Gobierno en la Presidencia de los pasos durante las respectivas estaciones del Martes y Viernes Santo o en la memorable Coronación Canónica de la Virgen de la Macarena en la Catedral en 1964 y también en la imposición de la Medalla de Oro de Sevilla en 1971.
Es este tiempo se han intercambiado regalos como el cuadro antedicho, la recepción de una imagen de plata y marfil de la Macarena en el año 69, así como la entrega a la Hermandad de San Gil de un relicario con un fragmento de la Cruz en el año 1995.
El espíritu de fraternización entre ambas Hermandades culminó en el solemne Hermanamiento celebrado el día 21 de noviembre de 1999, que comenzó con el solemne traslado en andas de nuestros Titulares a la Iglesia de la Anunciación donde se celebró un solemne Pontifical por el Arzobispo Carlos Amigo Vallejo que pronunció una sentida homilía. A su término se procedió a la lectura del documento arzobispal que aprobaba y bendecía el Hermanamiento de las dos Corporaciones, que fue firmado por los dos Hermanos Mayores, figurando por parte de la Macarena D. Joaquín Sainz de la Maza y por los Estudiantes D. Juan Antonio Galbis. El acto terminó con la donación a nuestra Hermandad dela Medalla de Oro de la Virgen Macarena que lució nuestra Virgen de la Angustia durante el regreso a nuestra capilla universitaria en medio de un numeroso publico.
Desde mi ingreso en la Hermandad en 1940 y en estos 65 años he observado complacido el estético contraste entre la sobriedad de los nazarenos de ruán negro y el alegre colorido del capirote verde sobre la túnica de merino presentes en la Presidencia de los pasos de nuestras dos Cofradías. Ésta es la historia que está detrás de tan hermosa imagen. Ruego al Cristo de la Buena Muerte y a la Virgen de la Esperanza Macarena que nos ayude a continuar este solemne Hermanamiento y que nos protejan durante muchos años. Amen y que así sea.
Sevilla Mayo de 2005
José Maria Gutiérrez Goicoechea.
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