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El "derecho" al aborto una barbarie pseudoprogresista
El pasado 4 de septiembre, la Ministra de Igualdad Bibiana Aído ha anunciado que, para 2009, habrá una nueva ley del aborto, que según fuentes de la dirección socialista, combinará una ley de plazos hasta las 21 semanas y contemplará, después, una serie de supuestos excepcionales. Es decir, se busca convertir en "derecho" la eliminación de las vidas humanas no nacidas. Ante dicho anuncio no tengo más remedio que realizar unas reflexiones, intentando con ello facilitar la escucha del grito silencioso de tantos inocentes.
Gracias a los avances de la medicina (embriología, genética, etc.) y la biotecnología (resonancias, cámaras intrauterinas, etc.) cada vez se hace más difícil negar que el aborto es quitarle la vida a un ser humano. Incluso muchos pro-abortistas no tienen más remedio que admitir esta verdad cada día más nítida. Ante esta realidad, ¿cómo se puede justificar el aborto? Intentaré refutar las razones aireadas por los partidarios del progresismo abortivo.
En primer lugar, ante la imposibilidad objetiva y científica de negar la vida al ser humano no nacido, sólo les queda afirmar que la vida de éste es menos importante que la de la mujer. Los derechos y necesidades de la mujer son más importantes que los de un feto. Para sostener esto, no hay más remedio que tomar un enfoque positivista del derecho, argumentando la realidad social y la fuerza de la mayoría, estableciéndose, por tanto, que la justicia emana de las costumbres, de los datos estadísticos y de las opiniones que logran imponerse. Y, en el caso que nos atañe, la mayoritaria (¿manipulada?) opinión pública ha establecido que la dignidad de los seres humanos se adquiere por la edad, determinando que los menores de nueve meses no tienen dignidad y, por tanto, su vida depende de los deseos de los adultos. Eso sí, no hay que llamarlo aborto, pues en nuestra sociedad tiene connotaciones negativas. Ejerciendo una refinada hipocresía, se denomina IVE (Interrupción Violenta, ¡perdón!, Voluntaria del Embarazo). Ni que decir tiene que esto nos trae a la memoria pueblos democráticos de ayer que se convirtieron, sin darse cuenta, en colaboradores de políticos iluminados.
Ante esta violación del derecho y la justicia permítanme manifestar mi contrariedad y mi oposición a que el Estado justifique legalmente el asesinato de una clase de sus ciudadanos más desvalidos. Si ayer se eliminaban seres humanos por variadas razones, hoy, por mayoría y con el respaldo del "comité de expertos", se quiere conceder el "derecho" de exterminar a otros en función de la edad y del útero de concebimiento. Permítanme recordarle a nuestra ministra que la razón de ser del gobierno democrático es garantizar el cumplimiento de los derechos humanos. Respetuosamente le recuerdo que uno de los más fundamentales es el derecho a la vida de todos, sin discriminación de raza, sexo o edad.
Otro de los argumentos en favor de una ampliación de la ley del aborto es la salud y el bienestar de la mujer. De hecho, insisten los pro-abortistas y nuestra ministra de "igualdad" en afirmar que esta futura ley del aborto es una "ayuda a la mujer". No es cierto, el aborto lastima a la mujer. No sólo conlleva riesgos para su vida física, sino que, en muchos casos, ocasiona un daño irreparable en su función reproductiva. Igualmente graves, y más frecuentes, son los daños psicológicos y emocionales, que afectan a las relaciones familiares y sociales. En muchos casos, el trauma post-aborto es psicológicamente devastador, originando, desde graves problemas de autoestima y cambios de personalidad, a uso de drogas y alcohol, depresión, dificultades de concentración, tensión emocional y estrés. Esto se podrá negar o tachar de apocalíptico, pero no por ello deja de ser cierto. En definitiva, todo aborto es trágico. En primer lugar, siempre es mortal para el no nacido. En segundo lugar, es dañino psicológica y físicamente para la mujer. En algunos casos es mortal también para ella, así que no tiene ningún sentido esgrimir un bienestar ficticio para matar al no nacido
Por tanto, una de las labores del verdadero feminismo consistiría en informar y convencer al público de los peligros que representa el aborto para la salud mental, emocional y física de la mujer. Es necesario dejar claro que el aborto no soluciona el problema de una maternidad adquirida, sino que la eliminación del feto siempre origina una experiencia traumática de ser madre. Si realmente se quiere defender a la mujer, habría que publicar los efectos que el aborto ha producido en muchas que han abortado. Esta publicación ayudaría a muchas mujeres a entender las causas de sus problemas psicológicos, a recurrir a adecuados programas de tratamiento y ayuda post-aborto, así como a contar con una ayuda espiritual y psicológica adaptada a sus necesidades. A su vez, esta información podría evitar que padres, novios, consejeros o médicos, lastimen a las personas que aman por quererlas ayudar y se acabe ya con la mentira de realizar "abortos por tu propio bien".
Por último, se intenta a toda costa desplazar el tema del aborto a las creencias, difundiendo la idea de que es un tema relacionado con la religión, y no una violación del derecho natural. El motivo es muy burdo: si es religioso, es opinable. De hecho, es fácil encontrar a personas muy sensibles a diversos males modernos, (terrorismo, pobreza, deterioro medioambiental, etc), que afirman que el tema del aborto es religioso. En realidad, todo es propaganda falsa para oscurecer, por una parte, la evidencia de la razón (que nos muestra que el aborto afecta a la sensibilidad humana natural) y, por la otra, la nitidez de la verdad científica sobre el inicio de la vida humana, tan clara para todos los médicos honestos, creyentes o no.
ABC SEVILLA, MARTES 28 DE OCTUBRE DE 2008, p. 12
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