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APUNTES PARA EL VERANO
El Señor Jesús varias veces en el Evangelio pide a sus discípulos que pasen por los pueblos y ciudades contagiando paz. Tarea ésta nada fácil, pues sólo quien la posee en su corazón puede comunicarla de verdad.
Las vacaciones son, sin duda, un momento privilegiado para reconstruir esa paz interior, a veces tan maltrecha.
Os propongo con humildad algunas sugerencias para quienes quieran reconstruir esa paz interior y descansar de una forma diferente:
1ª/ Experimentar el silencio: Tal vez sea bueno olvidarnos por unos días de la televisión y la radio. Nuestro espíritu lo agradecerá. Mejor todavía si sabemos encontrar de vez en cuando algún rincón tranquilo para “estar en silencio”, sin prisas.
El silencio nos puede revelar muchas cosas. Descubriremos nuestra agitación interior y nuestras tensiones. Sentiremos la necesidad de vivir de otra manera. El silencio relajado es siempre fuerza transformadora y fuente de paz. El “silencio” nos invita a la oración. En el “silencio” podemos escuchar la voz de Dios. Dedicar un tiempo diario, sereno a orar nos ayudará a mejorar la calidad de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. ¡Intentémoslo!
2ª/ Sentir nuestro cuerpo: La mayor parte del tiempo vivimos “en nuestra cabeza”, olvidados absolutamente de nuestro cuerpo, crispado y tenso por las mil preocupaciones de cada día.
Hagamos una experiencia nueva al menos durante unos días: sentir nuestro cuerpo, respirar conscientemente y con calma, tomar conciencia de las diversas sensaciones, sentarnos de manera relajada, pasear sintiendo nuestro caminar. Descubriremos con más fuerza la alegría de sentirnos vivos y podremos agradecérselo a Dios.
3ª/ Gustar la vida: Por lo general, tendemos a acumular en nuestro interior las experiencias negativas, sin detenernos ante lo bueno y bello de la vida.
¿Por qué no dedicar unos días a vivir más despacio, gustando las cosas pequeñas y saboreando agradecidos tantos placeres sencillos que ofrece el vivir diario? Quedaremos sorprendidos de todo lo que Dios nos regala de manera constante.
4ª/ Aprender a mirar: Casi siempre corremos por el mundo sin captar apenas la vida que llena el cosmos y sin abrirnos al misterio que nos envuelve.
Es bueno tomarse tiempo para aprender a mirar el entorno más despacio y con más hondura. No se trata de afinar los sentidos, sino de captar la vida que palpita dentro de las personas, los seres y las cosas, y escuchar su eco en nosotros. Nos ayudará a valorar las maravillas de Dios.
5ª/ Sanar los recuerdos dolorosos: Para recuperar la paz es necesario curar las heridas que nos hacen sufrir interiormente. Liberarnos de los recuerdos dolorosos del pasado y de las amenazas del futuro.
6ª/ Gozar más de la familia: El verano nos da más oportunidad de estar más con la familia. ¡Cuidemos esta faceta importante de nuestra vida cristiana! ¡Nos hará mucho bien a todos!
7ª/ Celebrar la Eucaristía: No olvidarla en el tiempo del verano. Es clave para nuestra fe el participar y el celebrar la Eucaristía con los demás cristianos. Nos ayudará a crecer día a día más como personas, como creyentes y como miembros de la Iglesia. ¡No la descuidemos!
Es un verdadero arte vivir plenamente el momento presente, aquí y ahora. El cristiano lo aprende desde la fe: el pasado pertenece a la misericordia de Dios; el futuro queda confiado a la bondad de Dios.
No olvidemos que en Dios seguimos poniendo nuestra esperanza.
¡Ojalá os puedan servir estas sencillas sugerencias que se me han ocurrido!.
ADELANTE
Sevilla, 25 de Junio de 2008
Francisco de Paula Piñero y Piñero, SS. CC.
Miembro del Equipo Sacerdotal de la Parroquia de San Marcos, de Sevilla
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